La OTAN desmiente, ellos no vieron nada, no se enteraron de que un barco andaba perdido en el Mediterráneo utilizando un teléfono vía satélite para pedir ayuda, el mar es muy grande y nuestros medios limitados, parecen decir ahora, mirando hacia otro lado, mientras del barco se iban arrojando cuerpos cada amanecer.
Y yo, no los creo, simplemente la OTAN tiene una operación bélica en el país de donde salió el barco, y no de cualquier lugar, de su capital, de Trípoli, como si no controlasen todo lo que entra y sale, ¿o es que no lo hacen o no pueden hacerlo?, no se que será peor.
Argumentan que no recibieron ninguna llamada, que no escucharon nada, es decir, ¿qué no quisieron escucharlo, o que no pueden escucharlo?, no se que será peor.
También cuentan que en la zona no había ningún barco, es decir, que todo lo que nos han estado contando del despliegue militar no es verdad, ¿o es que ese día no estaban por allí?, no se que será peor.
Ahora, cuando el escándalo amenaza con ser vergüenza, cuando también punible por la ley, la pelota va de tejado en tejado, de desmentido en desmentido, de “yo no vi, yo no escuche, a mi que me revisen”, y yo no los creo, es más, creo que simplemente, tal y como hacen ahora, se pasaron la pelota los unos a los otros, ya se sabe, recogemos a “estos” y en dos días tenemos a más, y no estamos ahora para solidaridades migratorias. La vieja y migratoria Europa, no está para mirar al pasado y recordar los tiempos en que los europeos maleta en mano cruzaban el Atlántico en busca de una oportunidad.
Vergüenza es lo que siento cuando leí el abandono a su suerte, a su muerte, de 72 seres humanos, porque políticamente no venía bien. Vergüenza es lo que siento cuando los que nos venden día a día su tecnología de satélites, guerra inteligente y misiles que entran por las ventanas, me cuentan que no vieron un barco que salía de territorio enemigo, ¿y si ese barco hubiese sido un buque de guerra?, seguramente lo hubiesen visto y hundido nada más salir de puerto para vendérnoslo en el siguiente telediario con toda una serie de explicaciones tecnológicas de cómo son capaces de ver una aguja en un pajar a mil kilómetros de distancia y posar en ella un misil, pero un barco lleno de seres humanos en busca de una oportunidad en la vida, ese no lo vieron. En fin, hay días en que se siente una profunda e inmensa vergüenza de pertenecer a ese llamado primer mundo, civilizado y respetuoso.



